domingo, diciembre 18, 2005

La Maldición de los Nieblalungos

Aquí estoy, otra vez. Sentada frente la pantalla del ordenador, admirando el bonito paisaje de pisos construidos ignorando las ordenanzas municipales. Viendo el bonito color azul del cielo, partido en dos por una grúa de la construcción color rojo sangre. Admirando el color morado que adquiere la montaña a mediatarde, a medio tapar por algunas moles de cemento y hormigón. Hasta aquí, todo normal en una ciudad pequeña, en plena fiebre del oro gris -gris cemento, cómo si no-, pero está pasando algo raro. Aquí en el país de la niebla...¡hace sol! Porque habré dicho ya que ésta es la tierra de los Nieblalungos -Y no, no lo he escrito mal, ya sé que es nibelungos. Pobre Wagner, si levantara la cabeza..-, dónde el sol es una quimera durante los cuatro meses que dura aquí el invierno. Y no es que haga viento, no, aquí no se mueve ni una miserable hoja, ni un farolillo que anuncia, desde hace mes y pico, una precoz Navidad que parece no llegar nunca. Es que simplemente hace sol. ¿Será esto un aviso, una maldición que se nos ha caído encima? La niebla nos ha abandonado, !estamos perdidos! ¿qué va a ser de nosotros?


En cambio, mi madre se sentirá feliz. Ella nació en un sitio dónde el color normal del cielo es el azul y no el gris. A mí, la verdad, es que ya me da igual, la costumbre es absolutamente letal. Cuando te has acostumbrado a algo, ya no te importa si es bueno o malo. Y a veces aunque sea malo, lo echas de menos cuando no lo tienes. Lo mismo le pasa a este pueblo con la niebla. Mantiene con ella una extraña relación de amor-odio. La odia cuando está y encuentra raro que no esté, cuando en días como hoy, parece haber desaparecido.

Entonces aparece mi oportuno sentido común. "Tranquilos nieblalungos, no ha llegado aún el fin del mundo, vuestro ocaso particular no está todavía aquí. Lo único que pasa es que ha salido el sol."


-Ah, por cierto, Wagner, o el listo que hizo la traducción al castellano se equivocó. Según la Edda prosaica de Snorri Sturluson -que es la única referncia de la mitología nórdica que tenemos-, tendría que ser el destino de los dioses y no el ocaso de los dioses. Leylah está demostrando que sabe algo de mitología, porque de ópera, no tiene ni la más puñetera idea. Tantos años de conservatorio, y de los lied no pasé.-