Rememorando el futuro
Echaba de menos las conver saciones inteligentes con Mercè. No es que no me divierta diciendo estupideces, pero de verdad lo echaba de menos, y me venía haciendo falta una. Nos pusimos como siempre a desvariar sobre lo que haríamos al finalizar este curso. El rumbo que tomó la charla me recordó a un ejercicio que hice una vez en el esplai. Se trataba de decir como queríamos que fuese nuestra vida dentro de aproximadamente quince años. Y me puse a pensar, y no saqué nada de nada. Es lo que me pasa, que cuando me piden algo, nunca o casi nunca se responder, no me acuerdo de lo que quería decir, o de que sabía la respuesta. Y escribí alguna chorrada, y seguramente dije que qerría viajar -cosa que, por otro lado, es absolutamente cierta- pero seguro que después me dije que me había dejado cosas. Luego nos hicieron leer en voz alta, y los monitores casi se enfadan con nosotros por nuestra "falta de imaginación". Aunque, en realidad, no hemos conocido más vida que esta, y yo no sería capaz de pensar en otra. No en otra que yo pudiera vivir de verdad.Pero de todas formas, esas conversaciones siempre acaban haciéndome pensar que no tengo ganas de pasarme la vida encerrada en una oficina, haciendo recados y fotocopias y vestida moníissssima, igual que las chicas que trabajan detrás de las gigantescos ventanales del Paseo. No creo que fuese capaz de estar ocho horas encerrada, sin ver ni mirar otra cosa que no sea una pantallita iluminada. Además, odio los fluorescentes.
Tampoco es que prentenda ser alguien. En realidad, me he dado cuenta de que mi mayor reto para esta vida es ser una persona anónima de costumbres anónimas, de amigos inteligentes -o no- y anónimos con los que mantener anónimas conversaciones estúpidas. Y recorrer anónimamente este mundo y ver anónimamente el mar y una aurora boreal -una que será anónima y corriente como las que le precedieron y como las que le seguirán- y también hacerse realidad una canción de Sisa. Y observar como pasan anónimos días con un mínimo razonable de felicidad, la monotonía suficiente -sin llegar a ser excesiva- y una dosis importante de libre albedrío. El caso es tener la oportunidad de hacer cosas, no es necesario hacerlas. Con poder me conformo. Aunque, ahora que lo veo bien, pido mucho. Demasiado, incluso.
Y qui dia passa, any empeny.

